¿La nueva era de Hollywood?

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Hace unos días, fui al cine después de no hacerlo en semanas. Quienes me conocen, sabrán que eso es raro en mí, pues normalmente el cine es como mi segunda casa. Tuve la mala fortuna de ver Magnificent Seven, una película que tuvo la fortuna de tener una trama sumamente simple (lo cual, en mi opinión, es bueno, sobre todo si tomamos en cuenta que se trata de un remake de dos películas de buena calidad), pero que logró tirar a la basura ese atributo al elegir enfocarse en buenas escenas de acción sin tener personajes relevantes o buenos. La única razón por la que la cinta no es un rotundo fracaso es por el (imposible de eliminar) carisma de actores como Denzel Washington y Chris Pratt.

Toda Magnificent Seven gira alrededor de escenas de acción, mientras que la historia y los personajes son solo medios para transportar al espectador de una escena de acción a otra. Fui con un grupo de 7 personas, y todos disfrutaron la película excepto yo. Eso me hizo pensar que el 2016 ha sido un año raro para el cine, en todos los sentidos. Primero, porque nos hemos llevado un número excepcional de decepciones (como para mí lo fue Magnificent Seven). Segundo, y más importantemente, porque esas decepciones han sido películas que llevábamos años esperando para ver (entre las cuales no está Magnificent Seven). Y eso duele, duele mucho.

La realidad es que el mal que ataca a Magnificent Seven hace lo propio en la mayoría de las películas que he visto este año, y ese es realmente el problema que me motivó a escribir este artículo.

Sé que muchos de ustedes se pararían enfrente de mí y defenderían películas como Suicide Squad, Batman v Superman y (extrañamente, en mi opinión) Independence Day: Resurgence. Y eso está bien, porque cada quien tiene derecho a tener sus propios gustos. Pero lo que ninguno podemos negar es que la nueva tendencia de Hollywood se está manifestando de una manera inquietante en esas cintas, y en muchas más que no creo que sea necesario mencionar (como pista, todas las decepciones del verano).

Y… ¿cuál es esa tendencia? Primordialmente, consiste en una valoración excesiva de elementos superficiales que conforman a las películas. Esos elementos son tales como buenas referencias visuales (el clásico “se parece al cómic”), buenas escenas de acción o guiños a los fans del material original (recordar a la película original en un remake, como en Ghostbusters, por ejemplo). Como todos sabemos, ninguno de estos elementos hace una buena película, ni conforma una buena historia.

Basar nuestro gusto por una película con base a elementos así de irrelevantes es sumamente negativo, sobre todo al largo plazo. Antes de que me digan “no exageres”, les tengo que explicar esto. Si nosotros, como público consumidor, nos satisfacemos con películas que se limitan a darnos el más mínimo nivel de cuidado para contar una historia, sin pensar en cosas más importantes (como una buena trama y buenos personajes), estamos orientando a Hollywood a mantenerse en esta tendencia; y les garantizo que eso no es lo que nosotros queremos.

Como público, tenemos que exigir más. No me sirve de nada que el vestuario o maquillaje de Jared Leto como el Guasón sea bueno. Necesito que su caracterización y motivos justifiquen su aparición. Necesito que sea un personaje que se parezca al comic por dentro y por fuera, pero sobre todo que le agregue algo nuevo a lo que ya conocemos sin perder la esencia de un personaje que ha existido por muchos años. Ejemplos de esto hay miles, pero les menciono a Hugh Jackman como Wolverine y a Heath Ledger como el Guasón.

Nosotros, como consumidores, tenemos el derecho de elegir que tipo de películas queremos ver. Tenemos que exigir mejores películas que lo que hasta ahora hemos visto en 2016, porque si seguimos dando dinero a entretenimiento de tan baja calidad, entonces esta nueva (y sumamente negativa) tendencia de Hollywood se va a mantener… y eso es lo peor que nos puede pasar.

Síganme en Twitter @gabrielguerrame, y discutimos el tema.

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