La nueva oportunidad de M. Night Shyamalan

Este fin de semana se estrena la nueva película de M. Night Shyamalan. Sí, M. Night Shyamalan. El mismo. Al que, después de unos años, todos aprendimos a odiar.

¿Alguien de ustedes se acuerda por qué?

Geek 1: “Porque hizo Lady in the Water

Geek 2: “Porque hizo The Last Airbender

Geek 3: “Porque pensó que Jaden Smith, hijo de Will Smith, era una estrella de cine (cosita)”

Yo sí me acuerdo. Pero no solamente me acuerdo de cómo la gente empezó a odiar a Shyamalan, sino me acuerdo de la época en la que él era, quizás, mi director favorito. Pocas veces me emocionaba tanto por ver una película como cuando era una suya. Sus historias me parecían sumamente imaginativas y novedosas. En una época, él estaba haciendo lo que nadie: INNOVAR. Hacía historias nuevas, o le daba giros interesantes a lo que ya conocíamos.

Personalmente, pocas veces he estado tan emocionado como lo estuve antes de ver The Village. ¿Me decepcionó? ¡Claro que sí! ¿La odié? ¡Claro que no! Hasta antes de The Last Airbender, en mi opinión no existía razón alguna para odiar a Shyamalan además de que el tipo había tomado riesgos que a veces no habían salido de la mejor forma. Pero, ¿no es eso por lo que muchos apreciamos Interstellar, pese a ser una película tan desalineada?

Ahora que viene The Visit, su nueva película, pensé que podría tomarme la libertad de platicarles a todos ustedes lo que fue el surgimiento y caída de Shyamalan. Después de hacer películas de la talla de The Sixth Sense, Unbreakable y Signs, el tipo perdió el piso lentamente en The Village y Lady in the Water, cayendo estrepitosamente con The Happening, The Last Airbender y After Earth.

Muchos días he tratado de reflexionar qué fue lo que salió mal con el talento de Shyamalan, y, para mi mala fortuna, siempre me encuentro con esta aberración (publicada en algún momento durante la producción de Signs):

 

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¿Qué fue lo malo de esta portada? TODO. El tipo de verdad se la creyó. Pensó que él era una eminencia, que no podía hacer nada mal y que todo lo que hacía, lo convertiría en oro. Quizás era cierto, y ese criterio se mantendría todavía (hasta cierto nivel, al menos), en la controversial The Village. Yéndose totalmente con la finta de que él era el próximo Spielberg, Shyamalan escribió y dirigió una película que parecía de terror, pero que no lo era. Era una historia de amor, situada frente a un escenario de terror planteado casi perfectamente por los cortos.

El problema más grande de esta película no fue la película en sí, sino el documental titulado The Buried Secret of M. Night Shyamalan, en donde se argumenta que el tipo se comunica con espíritus y tiene “poderes” (o algo así). Todo fue una farsa publicitaria, pero las consecuencias de ese documental fueron mucho más que eso, pues Shyamalan prácticamente quería hacernos a todos creer que él era una figura mesiánica que había llegado al mundo a profetizar la segunda venida o yo qué sé. Claramente, se tomó la portada de Newsweek demasiado en serio.

Estos aires de grandeza motivaron películas como Lady in the Water, en donde pasaron cosas muy extrañas. Pongo como ejemplo la siguiente conversación casi verídica que se llevó a cabo en algún lado entre Shyamalan y una persona no especificada:

Shyamalan: ¿Te gustó el guión de Lady in the Water?

Otro: Bueno, sí… más o menos.

Shyamalan: ¿Tú, plebeyo, te atreves a decir que yo, Shyamalan, el próximo Spielberg y profeta de las mejores películas de la historia, sería capaz de hacer un mal guión?

Otro: El guión está bien, pero podrías modificarle algunas cosas. Por ejemplo, ¿en qué momento crees que sería lógico que tú seas quien actúe como el artista que va a escribir el libro que va a inspirar el futuro?

Shyamalan: Yo soy el profeta. Escribí este guión, ¿qué más quieres?

Otro: (Después de suspirar) Tienes razón, el guión es perfecto.

Con todas sus fallas, me encanta Lady in the Water. Me encanta su originalidad, su atrevimiento a ir a lugares y narrar historias que nadie se atreve a contar. Fue una historia que tomó riesgos, y en nuestra época es muy raro ver eso. Pero sus problemas van mucho más allá que la historia que se cuenta con ella, sino que van respecto a la manera en que Shyamalan había llegado a un punto en que no escuchaba críticas de nadie, incluso pensando que él era el mesías que venía a salvar al mundo con base a sus historias.

Ni siquiera voy a dedicar un párrafo específico a cada una de las atrocidades que son The Happening, The Last Airbender y After Earth, porque ninguna de ellas lo merece. Fueron la caída hacia el abismo de un gran director que creyó que era algo que no era y por mucho tiempo se la creyó, llegando al nivel de equiparar su nombre a palabras como “fracaso”, “veneno en taquilla”, etc.

Los comentarios hasta ahora respecto a The Visit, su nueva película que se estrena el día de mañana en nuestro país, son positivos, aunque muchos otros han sido negativos. Cualquier cosa que podamos esperar, es claro que será controversial (fiel al estilo de Shyamalan). Es un hecho que el día de mañana yo voy a estar ahí para verla, porque no he perdido la esperanza en este tipo que, parece ser, aprendió su lección después de caer tan bajo que vio su carrera desplomarse.

Todos cometemos errores, ¿no? Hasta el tipo que presume haber sido mandado por Dios a este mundo a escribir las mejores películas que hay…

¿Debemos creer en Shyamalan? Yo creo que sí. Quizás soy demasiado incrédulo, porque es muy raro que pierda la fe en algo que en algún momento me interesó tanto. A veces hay que pensar fuera de enfoque, y eso es lo que hacía Shyamalan y lo que tanto le criticamos. Seamos honestos, el tipo iba por buen camino, haciendo películas generalmente buenas (aunque controversiales) hasta que cayó en el sistema de Hollywood de franquicias y de superproducciones que tienen demasiado que invertir y perder y poco que innovar (nota a un lado, me encantan las superproducciones).

El problema de Shyamalan no fue que se volvió demasiado comercial al nivel de perder el piso. El problema que tuvo es que su propio talento lo hizo perder el piso, su propio talento lo convirtió en su peor enemigo, y es muy posible que nunca pueda recuperar quien fue.

Pero, como por arte de magia, está de vuelta. Para bien o para mal. En mi opinión, nunca es tarde para dar más oportunidades, siempre y cuando el tipo deje de hacer películas como After Earth y se ponga a trabajar en los proyectos que lo convirtieron en alguien importante, alguien a quien se le empezó a considerar el próximo Spielberg. Si puede con esos zapatos o no, depende totalmente de él; y ¿por qué no decirlo? De todos los ingenuos que, pese a todo, siguen confiando confiando en él. Como yo.

Síganme en Twitter @gabrielguerrame, y discutimos el tema.

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